Dudas respecto las calderas de biomasa


Desde hace tiempo las calderas de biomasa se han convertido en una válida alternativa a los sistemas de calefacción y ACS que utilizan combustibles fósiles. Esta solución ofrece una serie de ventajas con respecto a otras más convencionales:

  • Es una fuente de energía ecológica que utiliza materiales de desecho de trabajos forestales (astillas, ramas, serrín, etc.) o agrícolas (huesos de aceituna, cáscaras de frutos secos, etc.) que de otra forma serían considerados como residuos.
  • Fomenta la creación de trabajo en los medios rurales y contribuye a una menor dependencia de las grandes empresas energéticas.
  •  Menor precio en comparación con otros combustibles.
  • Un mantenimiento sencillo y una larga vida útil de las calderas.

Pellets

Es evidente que las ventajas son muchas, y a ello se suman las ayudas y subvenciones que se promocionan desde varias autonomías. No obstante, como profesionales en Certificación Energética de Edificios,nos surgen una serie de dudas con respecto a este tipo de calderas.

Llama la atención que la calificación energética de un inmueble mejore de varias letras al introducir en los cálculos una caldera de biomasa. Si por ejemplo tuviéramos una vivienda mal aislada, con calefacción y ACS convencionales y con una calificación energética medio-baja (E o F), al cambiar la caldera por una de biomasa la calificación subiría repentinamente a una letra alta (B, C o incluso A), aunque la vivienda siguiera estando mal aislada. Esto se debe a que se ha establecido que las emisiones de CO2 que genera la caldera de biomasa se compensan con el oxígeno generado por las plantas durante su ciclo de vida, por lo que en el cómputo final este tipo de calderas tienen emisiones nulas o casi nulas de CO2.

Sin querer desprestigiar este tipo de sistema, nos preguntamos: ¿Hasta qué punto es real el salto de letra que se produce en la certificación energética al cambiar a biomasa? ¿Por qué se está favoreciendo de esta manera la biomasa? El balance nulo de CO2 parece obedecer más a decisiones políticas que a criterios científicos. La realidad es que la combustión de biomasa, al tratarse de combustible vegetal, sí produce CO2 además de otros contaminantes. Imaginemos un escenario en que la biomasa se utilizara a gran escala en las ciudades; esto no haría otra cosa que agravar su contaminación a niveles alarmantes. Sin contar con las emisiones de CO2 de los camiones que desde las zonas rurales tuvieran que abastecer a los núcleos urbanos (¿Se tiene en cuenta este aspecto en el balance de CO2?).

No olvidemos también que la biomasa, aunque sea renovable, no es infinita por lo que podría ser susceptible en un futuro de un alza de precios y ya no sería tan conveniente con respecto a otras fuentes de energía. Sin ir más lejos, podría pasar como los famosos radiadores de calor azul que hace unos años, con las tarifas nocturnas, tenían sus ventajas pero actualmente, tal como está el mercado eléctrico, son una “ruina”. Por último se podrían añadir otro tipo de desventajas como por ejemplo el espacio para el almacenamiento, cosa que lo haría inviable para la calefacción individual en un piso de un bloque.

En conclusión creemos que este tipo de calderas es una opción válida a tener en cuenta, pero no debería de ser tomada como una solución “universal” aplicable a todos tipos de vivienda; y aquí entraría en juego el sentido común de nosotros técnicos y, según el caso, considerar oportuno o no recomendar esta opción.

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